11. AUTÉNTICA BODA BEREBER

Domingo 24 de septiembre:

Me levanto a las 6.15 horas como un resorte. En cuanto me lavo el pelo, abro la puerta de la jaima y… Está completamente nublado (aunque realmente no hay nubes, sino que parece como polvo) y ya ha amanecido… Qué bien… 

Pues nada, suerte que hoy nos espera una boda bereber y ¡seguro que está genial! 

Por cierto, recomiendo traer sandalias para la aventura por el desierto, porque la gente no para de descalzarse cada 2 x 3 para vaciar los playeros y los calcetines y, en cambio yo, con las chanclas, estoy encantada de la vida.

Después de un desayuno rico rico, por fin vemos aparecer un poco el sol… ¡Menos mal! Nos dan la opción de volver al riad en dromedario o en 4×4. Elegimos el 4×4 porque es más rápido (que hoy tenemos boda y aún tengo que peinarme) y para vivir un poco la experiencia del 4×4 a través de las dunas.

Ha sido divertido, aunque me hubiese gustado que durase más. Nos llevan hasta el hotel de ayer por la tarde, el hôtel Nomad Palace. Este hotel está lleno de moscas, qué horror, parecemos vacas o algo, todo el rato con las moscas pegadas.

A las 10 y 20 acudimos al lado de la casa de Mohamed, el amigo de Zaid, que también vendrá a la boda, a buscar un ternero vivo que es el regalo de boda de los amigos. Mientras lo suben a una furgoneta, a mí me llevan con las mujeres, que son la familia de Mohamed, a una cabañita donde están cocinando el pan. Hay unas 4 mujeres adultas y un montón de niños. Todos hablan en bereber, por lo que yo solo sonrió y escucho. Son muy amables conmigo, pero no sé cómo pueden respirar aquí dentro, está lleno de humo y hace un calor horroroso pero pese a ello lo disfruto un montón y disimulo como si a mí tampoco me molestase el humo. A Nacho le dejan fuera… Jajaja. Me llama la atención que las mujeres, como no salen a la puerta a cotillear cómo suben el ternero, se asoman por los respiraderos de la cabaña para ver lo que ocurre fuera. Cuando por fin suben el ternero, la madre de Mohamed hace el grito bereber de felicidad, moviendo rápidamente la lengua a los lados. Tiene las manos cubiertas de henna y me toca siempre mientras habla, lo que hace que me sienta una más en la cabaña. También me llama la atención que tiene como los dientes manchados de henna. Cuando le pregunto a Zaid, me dice que no es henna, pero sí parecido, y que tiene fin estético para teñir la lengua y las encías, pero también medicinal, para proteger los dientes. Me dice que en la boda nos darán palitos con esta sustancia de regalo, pero no creo que me atreva a usarlos, a ver si me quedan los piños marrones para el resto de mi vida… Me dan a probar un trocito de pan, recién sacado del horno, que previamente limpia por encima con su turbante… jajaja. Si es que estos turbantes valen para todo, aunque arrastren por el suelo previamente… jajaja. El pan está muy bueno, así calentito. Lo único malo de esto es que voy a apestar a humo toda la boda… Jajaja.

Salimos en el 4×4 detrás de otros 3 coches, el primero de ellos con el ternero. Llevan algunos lazos para decorar los coches. Se nos juntan otros dos 4×4 por el camino.

Vamos los 6 en caravana hasta llegar a una explanada, donde esperamos a más coches. Al parar los coches, el ternero se cae de la furgoneta y casi se rompe el cuello… Qué pena… Tras juntarnos un total de 7 coches y volver a subir al ternero a la furgoneta, arrancamos de nuevo, yendo por pistas de tierra por en medio del desierto.

Al llegar al lugar de la boda (Hassi Begaa), todos llegan tocando el claxon. Viene el novio a saludarnos, con los ojos pintados de khol, mientras un montón de niños corren alrededor.

Luego vamos al lugar donde están las mujeres, que no la novia, cantando y tocando panderetas mientras los hombres continúan tocando el claxon de los coches y el resto de la gente mira y saca fotos, nosotros incluidos.

Sin querer, el coche que va detrás de nosotros, nos da en el coche, pero Zaid ni se inmuta ni baja a ver si le han hecho algo y sigue disfrutando. Ya nos había contado que en la cultura bereber perdonan normalmente este tipo de cosas sin exigir el pago de los arreglos.

Permanecemos un buen rato con esta celebración, pero hace muchísimo calor, y Nacho y yo nos volvemos al coche en busca de sombra. Bajan al ternero y nos vamos de nuevo en el 4×4 a ver al novio.

Entramos en la sala donde se encuentran los hombres, tras descalzarnos. Nos sentamos en las alfombras, aquí no hay sillas, y nos ofrecen el ya conocido té y, sin parar, pastas y frutos secos. Además, nos ponen una especie de granos como mezcla de arroz y pasta, con salsa de dátiles, que está bueno, y que compartimos Nacho y yo con Mohamed y Zaid, comiendo directamente los cuatro con la cuchara de un mismo plato.

Viene el novio y me ofrece los palitos de los que habíamos hablado para teñir los dientes, pero le digo a Zaid que los pruebe primero él y ya según vea el resultado, veré lo que hago… Los prueba, pero me dice que no son de los mejores y no le llegan ni a teñir los dientes. Mejor, así no tengo que probarlos… Jajaja.

En esta sala no hay mujeres, sólo yo, y lo hacen todo los hombres: servir, recoger, etcétera… Me llama la atención.

Estoy abanicándome sin parar, porque tengo un calor que me incendia y el novio, súper majo, entra con un ventilador de los grandes y lo enchufa a mi lado. Se lo agradezco de veras.

Cada hombre que va entrando en la sala, saluda a cada persona de uno en uno, dándole la mano derecha.

Estamos en esta sala durante quizás una hora y media, tranquilamente, charlando con un señor muy majo (Youssef, 49 años) que habla español y que nos cuenta su historia. Resulta que al cabo de un buen rato descubrimos que es el padre de la novia y, menuda suerte que hemos tenido, porque volvemos a ir a la zona de las mujeres y, mientras todo el mundo se junta en la calle esperando a que salga la novia, nosotros tenemos el privilegio de entrar con el padre en la sala donde se encuentra la novia con las mujeres de su familia. Me siento dichosa por haber tenido esta oportunidad, creo que es una experiencia única.

El padre nos presenta a todas las mujeres, una por una, y me explica que tengo que ir dándole la mano derecha a cada una. ¡¡Nos permiten sacarnos una foto con la novia!! Es una pasada, porque lleva la cara cubierta completamente y tiene que tener un calor horroroso.

Luego ya salen las mujeres de la habitación al encuentro de los hombres. La novia va rodeada de varias mujeres y el novio rodeado de varios hombres. Van cantando y tocando panderetas. Los hombres llevan un cordero, que degüellan delante de todo el mundo en señal de felicidad. Yo prefiero no mirar en este momento. El padre de la novia se ríe un montón de mí y me llama carnicera todo el rato. Dice que tendría que haber matado yo al cordero.

Los novios se van sacando fotos con la gente (la novia aún tiene la cara completamente tapada) y mientras, los hombres y las mujeres siguen cantando y bailando en círculo.

Los novios

De aquí volvemos con algunos hombres y con el novio a la sala de los hombres. Hace un calor horroroso, tengo la cara completamente roja y parece que me va a estallar por la subida de temperatura que tengo… 

El novio (Alí) es súper amable y cuando ve que seguimos bebiendo té templado y que me va a explotar la cara, mientras me abanico como una loca, saca una botella de Coca-Cola súper fría de la nevera y yo me bebo tres vasos de un solo tirón. Los hombres se ríen un poco de mi… jajaja. Es una pasada poder vivir esta experiencia así, como una más, me siento una privilegiada y lo disfruto un montón.

El problema es que va todo bastante lento y pasamos casi una hora y media sentados sin saber lo que va a ocurrir, picando de las pastas y los frutos secos y hablando con el novio, su suegro y algún otro hombre que hay en la sala, ya que somos unas 10 personas en total.

Al cabo de un buen rato, entra un grupo de mujeres, que pertenecen a la familia del novio, cantando y tocando panderetas para darle la enhorabuena. Le entregan una bandeja con una ofrenda que contiene Coca-Cola, yogures, chocolatinas… Me llama la atención porque, aunque vienen a felicitar al novio, prácticamente no pasan del marco de la puerta y hacen un círculo bastante cerrado, que apenas permite ver el baile que están haciendo, lejos de los hombres.

En cuanto acaban, salen de la sala y volvemos a quedar los que estábamos.

Cuando ha pasado un rato súper largo, Nacho y yo ya no sabemos qué hacer y decimos que vamos a ir a dar una vuelta, entonces el padre de la novia nos dice que no tardemos, puesto que van a traer ahora la comida. ¿¿¿En serio??? Le decimos que hemos picado un montón de las pastas y frutos secos, pensando que esa era la comida, y resulta que a los 10 minutos llegan varios hombres cargados con comida… Nos sentamos en el suelo (aquí no hay sillas) en grupos de unas 8 personas, alrededor de las mesas. En nuestro grupo se encuentran Zaid y Mohamed. Con lo escrupulosa que soy yo con el tema de la comida, quién me iba a decir que iba acabar comiendo con 6 hombres, todos del mismo plato, cogiendo la comida con las manos… Eso sí, yo picoteé de aquellas zonas en las que no tocaba nadie… Jajaja.

Debo decir que la comida estaba ¡muy buena! Tuvimos de primero cuscús, de segundo ternera con salsa de cebolla y de postre fruta. Nunca me hubiese imaginado que comería de ahí, de verdad, soy súper súper escrupulosa con el tema de la comida.

Tras comer, Zaid nos explica que ahora viene un periodo de reposo como unas 2 horas, por lo que le pedimos si nos puede llevar al hotel para descansar un rato y darnos un baño en la piscina. La verdad es que no sabía que nuestro riad estaba tan lejos, sino quizás no se lo hubiésemos dicho… Él nos dice que no hay problema y que aprovechará para quedarse un rato en su hotel, que es el Nomad Palace.

En vista de que no vamos a tener mucho rato en nuestros riad, aunque Nacho se da un baño en la piscina y se va a la habitación a echar una siesta, yo prefiero tirarme en una tumbona a la sombra y aprovechar para poner al día el diario. Tengo que reconocer que, por una parte, nos da pereza volver a la boda y quizás preferiríamos quedarnos aquí en el riad tranquilos pero, por otra, está claro que es una experiencia única y que, aunque todo va a un ritmo lento, seguro que la disfrutaremos, ya que por lo visto al caer la tarde es cuando ya se juntan los hombres y las mujeres de forma definitiva y empieza la fiesta de verdad. Me da mucha pena pensar que sólo nos quedan 3 días de viaje.

Zaid llega con Mohamed a las 18.40 horas para recogernos. Esta vez conduce Mohamed. En el coche lo vamos dando todo con música árabe, riéndonos un montón.

Al llegar al pueblo, nos vamos a la zona en la que se encuentran las mujeres. Todos están esperando a que salga la novia, que se ha cambiado de ropa, pero aún lleva la cara tapada. Durante la espera, todas las mujeres tocan palmas y cantan, mientras van dando vueltas. En esta espera, los niños del pueblo deciden que es muy divertido ir turnándose para tocarme el culo. Cuando me canso, agarro a uno y le doy un meneo y, cuando un adulto ve lo que está ocurriendo, viene y les planta cara a todos, por lo que no me vuelven a molestar. Cuando por fin sale la novia, se pone en fila junto a varias mujeres y, enfrente, se ponen varios hombres que van cantando y tocando la pandereta sin parar, mientras van caminando hacia atrás, hasta llegar a la casa del novio, ¡¡¡media hora después!!! Madre mía, aquí se lo toman todo con mucha calma…

Cuando por fin llegan a la casa del novio, hombres y mujeres de nuevo se separan y la novia se mete en una sala con un montón de mujeres y ¡¡¡por fin se destapa la cara!!! Le tienen que estar secando el sudor sin parar, pues lleva un montón de capas de ropa, qué agobio.

Cuando salimos de esta sal, vemos que varios chicos están aún cantando y tocando la pandereta. Descubriremos que es una especie de “cortejo” en la que se van turnando los chicos de distintos pueblos y van tocando suavemente la pandereta hasta que un mismo número de mujeres, que se tapan completamente la cara, se ponen delante de ellos. Entonces empiezan a tocar más fuerte la pandereta y a recitar algunas frases que ellas tienen que ir repitiendo mientras todos van girando, haciendo un círculo. La cosa es que acabo por calcularlo y tardan más de media hora por “número”, es decir, que cuando nos vamos de noche, a las 23.40 horas, aún siguen cantando y tocando (llevan desde las 20 horas aproximadamente). Es una especie de danza súper monótona, no sé cómo no cansan porque además, los chicos tienen que esperar a que sean las chicas las que decidan salir con ellos, por lo que pueden pasar más de 15 minutos tocando suavemente la pandereta hasta que se levanta alguna chica, y tiene que haber además el mismo número de chicas que chicos, no vale con que se levanten un par de ellas. Suelen ser grupos de entre 4 y 5. Aparte, pienso yo que poco cortejo es ya que ellas van con la cara completamente tapada… Sí que es verdad que mientras, hay un montón de mujeres mirando, y nos sugiere uno de los chicos que nos rodea, que quizás el cortejo consista en ir fichando a algunas de las que están sentadas… 

El caso es que me empieza a entrar un montón de hambre y la cosa no tiene pinta de que vaya a avanzar mucho en un futuro cercano por lo que, cuando el padre de la novia nos ofrece ir a tomar el té con él, no lo dudo, esperando que haya pastas. Vamos con él y por el camino veo que están haciendo brochetas a la plancha… ¡¡¡Bieeeeen, comida!!! Entramos en una sala al aire libre, llena de hombres, más de 100, y yo, y todos rezando el Corán. ¡Vaya marrón! Creo que no nos enteramos bien de a dónde íbamos… Yo me quedo completamente parada, porque no pinto nada ahí, y además no sé lo que les parecerá a ellos, pero el padre de la novia nos llama para que nos sentemos a su lado, y así lo hacemos. Empiezan a repartir té para todos, y luego entran varios chicos con las bandejas llenas de brochetas, ¡¡¡bieeeeen!!! Aquí ya se me olvida todo el malestar!! Pero cuando veo que la gente sólo puede coger por persona un trozo de carne de la brocheta es como… ¡¡¡Noooooooo!!! Me como mi cacho que, aunque me toca con nervio, no dejo ni una gota, jajaja.

Al poco rato, me siento bastante incómoda en esta situación, por lo que nos despedimos del padre de la novia y nos vamos a la zona de las mujeres. Siguen sentadas en el suelo, sobre alfombras, fuera de la casa, observando y participando en la “danza de cortejo” (así la llamo yo, para que nos entendamos). Estamos sentados sobre el suelo de tierra y lleno de piedras pero, al poco rato, una chica muy amable nos trae una alfombra gorda para que nos sentemos, y el novio nos trae un par de brochetas para nosotros solos, ¡bieeeeen! Además nos dice que en Marruecos hacen mucho la carne de las brochetas hasta que quede seca, pero que a nosotros nos las ha traído poco hechas. ¡¡¡Este chico es súper atento!!! 

Además, por supuesto, nos traen más té. Hablando hablando con Nacho, me doy cuenta de que hace 2 noches que cuando me meto en la cama agotada, no consigo dormirme. ¿¿¿A ver si va a ser tanto té??? 

Permanecemos un buen rato en las alfombras, pues la alternativa es estar en la zona de hombres. Me empieza a entrar un sueño mortal, son las 23 horas y no parece que vaya a ocurrir nada. Se lo decimos a Zaid, quien nos dice que podemos cenar y luego ya ir al riad. ¡Se lo agradezco!

Los hombres están ya cenando por tandas, pues son un montón. Nos sentamos a cenar con Zaid y Mohamed. Es el mismo menú que al mediodía y la misma dinámica. Yo estoy que me caigo de sueño, por lo que mojo un poco de pan en la salsa de la carne y listo. Nos despedimos del novio, que ha sido un gran anfitrión y nos metemos por fin en el coche. Se me cierran los ojos nada más sentarme.

Gastos totales del día entre los 2: ¡¡¡¡0 dirhams!!!!

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