5. GALICIA – ERMITA VIRXE DO PORTO, FARO DE PUNTA FROUXEIRA, ERMITA DE SANTA COMBA, BUÑO, MUÍÑOS DE ARDELEIRO, PRAIA DOS CRISTAIS, LAXE

Martes 15 de junio de 2021

Hemos dormido de lujo, la cama es comodísima.

El desayuno en la casa rural cuesta 8,8€ por persona y lo que ofertan de menú no me parece muy atractivo por lo que, después de hacer el check out y pagar los 55€ por la habitación, cogemos el coche y nos dirigimos a desayunar a La Bocatería, donde cenamos ayer y donde nos había recomendado desayunar la dueña del hotel. 

De camino paramos a comprar provisiones para el picnic de hoy. En la Panadería Durán compramos el pan (1,5€) y en la Panadería Armando compramos una empanada de bonito (6,8€).  

En La Bocatería tomamos 2 bocadillos y 2 chocolates, todo muy rico por 9€. Muy recomendable este sitio para venir a desayunar, además el dueño es majísimo.

A las 11.10 horas nos ponemos en marcha. En 25 minutos aparcamos en el estacionamiento de la Praia de A Mourillá, que está prácticamente lleno. Nos dirigimos andando a la primera visita del día, la Ermita Virxe do Porto. Ubicada sobre un montículo de roca junto al mar, solo se puede acceder a ella si la marea está baja. Se ve preciosa con el océano Atlántico y el Faro de Punta Frouxeira de fondo. 

Cuenta la leyenda que unos pescadores encontraron la imagen de la Virgen en el mar y se la llevaron a tierra. Al día siguiente, la imagen volvió a aparecer de nuevo en el mar y decidieron levantar una ermita sobre unas rocas en honor a la que ahora conocemos como la ‘Virxe do Porto’.

Disfrutamos dando un paseo hasta lo alto de la ermita. Mi chico ya lo había cuadrado para que nos tocase la visita con la marea baja para poder acceder hasta lo alto del montículo.

Una vez sacadas todas las fotos imprescindibles, cogemos de nuevo el coche para visitar el Faro de Punta Frouxeira (1992), uno de los faros más modernos de Galicia, tan solo superado en juventud por el de Punta Nariga, en Malpica (1996).

El faro tiene un aspecto de lo más peculiar, semejando un edificio de 5 plantas. Bajo él descubrimos un amplio túnel perteneciente a las ruinas de una antigua instalación militar. Os recomiendo recorrerlo porque es muy curioso.

Debo decir que el faro desde la Ermita Virxe do Porto me parecía bastante feo y luego desde cerca me ha gustado mucho, con ese bonito tono azul (soy fan total del azul).

A las 12.40 horas ponemos rumbo a nuestro próximo destino. En 10 minutos llegamos a la Praia de Campelo. Aparcamos en el amplio estacionamiento. Con el día tan caluroso que hace apetece bajar a bañarse, aunque seguro que el agua está congelada, jajaja.

Es una playa bonita y salvaje pero nada que no podamos encontrar en Asturias, así que a las 13 horas arrancamos el coche de nuevo. 

Siguiente destino: Ermita de Santa Comba. Llegamos 35 minutos después. Está cerrado el acceso en coche hasta el parking oficial por labores de mantenimiento por lo que nos toca aparcar un poco más lejos e ir andando. Hace un viento exagerado en esta zona. 

El acceso a la ermita se realiza atravesando la arena de la playa (de nuevo hay que tener en cuenta las mareas), para luego subir unas escaleras incrustadas en la roca. De ahí enlazamos con un sendero de unos 10 cm de ancho rodeado de maleza que nos conduce hasta la propia ermita.

A mí esta visita me ha parecido prescindible. De hecho, lo que más me ha gustado han sido las vistas a la espectacular Playa de Santa Comba, salvaje y hermosa por igual.

A las 14.10 horas estamos de nuevo en el coche. El termómetro marca 32,5°. Madre mía, voy a morir de calor… No estoy acostumbrada para nada a estas temperaturas y además mi cuerpo no las tolera muy bien.

La idea era ir directos a visitar el Muiño de Vento de Boucelo pero el camino que nos indica Google Maps es poco más que un camino de cabras (para variar) y por ahora no encontramos una alternativa mejor, por lo que cambiamos de plan sobre la marcha y preferimos ir primero a comer a una pequeña área recreativa (43.355189, -8.17862) al lado de Leiro, que ya son las 15 horas y el hambre empieza a apretar. El área recreativa solo tiene 2 mesas, pero una de ellas está a la sombra, por lo que es perfecta. Comemos escuchando el arrullo del río y los pájaros trinar. Me está encantando este plan de los picnics del mediodía en áreas recreativas recónditas y solitarias.

Decidimos dejar la visita al molino para otra ocasión porque no encontramos un camino de acceso que nos convenza. Así que a las 16 horas nos ponemos en marcha otra vez. Tardamos 1 hora 20 minutos en llegar a Buño, en Malpica de Bergantiños. Pueblo alfarero cuya tradición comienza en el siglo XVI. A día de hoy 13 oleiros (alfareros) y 9 tiendas todavía siguen viviendo de las creaciones de arcilla. La villa malpicana abasteció al noroeste peninsular de utensilios de cocina hasta los años ochenta. En aquel entonces existían 114 talleres con 2, 3 o 4 oleiros cada uno, pero con la posterior llegada del plástico y del latón, el negocio sufrió un declive del que nunca logró recuperarse, provocando la jubilación y emigración de muchos alfareros. Años después, cuando el temor a que desapareciera la actividad oleira de Buño amenazaba, algunos retomaron la labor y la tradición volvió a coger fuerza entre los habitantes. Los emigrados incorporaron innovaciones técnicas y poco a poco el negocio fue progresando hasta dedicarse, en la actualidad, a la decoración. La mayor parte de la producción anual de estos alfareros responde a encargos para bodas, aniversarios de empresas, fiestas gastronómicas o trofeos. Las visitas de los turistas solo se producen en los meses de verano. No obstante, la celebración de la Mostra da Olería de Buño, que ya va por su 35ª edición, es lo que afianza, año tras año, la tradición histórica.

Hemos venido a este pueblo para visitar el Ecomuseo Forno do Forte. Este ecomuseo nació como resultado de la necesidad de exponer al público la tecnología y la manera de vida tradicional de los “oleiros” (alfareros) de Buño. Está formado por las antiguas casas/taller de varias familias alfareras, permitiéndonos retroceder en el tiempo y poder conocer, no solo como era la vivienda de un alfarero, sino también su oficio y la forma de vida de una familia de 1950. El horno coció con regularidad hasta los años 60. A partir de ahí redujo su actividad hasta abandonarla en torno a 1970.

Es una visita gratuita y rápida. Recorremos los antiguos alojamientos de los alfareros, vemos el horno que aún usan a día de hoy para cocer la cerámica y nos hacen una demostración sobre la marcha de cómo fabrican una fuente. De hecho, si no fuese por el Covid podríamos haber elaborado nuestra propia vasija de barro.

Me ha parecido una visita interesante y que se me ha pasado volando.

Del ecomuseo damos una vuelta por el pueblo (que parece un pueblo fantasma porque no hay nadie) recorriendo las distintas tiendas hasta que encontramos una que nos gusta para comprar unos detalles. Al final hemos estado 1 hora 10 minutos en la zona. Cómo pasa el tiempo cuando estás a gusto…

Nos ponemos en marcha de nuevo a las 18.30 horas. En 5 minutos llegamos a nuestro siguiente destino: Muíños de Ardeleiro o da Ribeira. El último km hasta el parking habilitado lo hacemos a través de una pista de tierra y piedras por el que de ancho entra un único vehículo, que además tiene que ir despacio para no pinchar. 

Muchas veces cuando pensamos en los molinos movidos por la fuerza de arroyos los asociamos con tierras de interior y situados en profundos valles. El caso de los molinos de Ardeleiro es totalmente diferente a la mayoría de los casos. Sí es verdad que muchos molinos habitualmente se encuentran en zonas costeras e incluso en tierras llanas, pero son muy pocos los que aprovechan un arroyo en una ladera de costa que cae directamente al mar. Aquí en Ardeleiro se encuentra una serie de 5 molinos de agua rehabilitados. Entre ellos discurre una senda que recorre el arroyo hasta su desembocadura en forma de una pequeña cascada que cae sobre el océano Atlántico.

En cuanto veo los molinos (hay 5) es como… ¡¡¡Guaooo, qué pasada!!! Sobre todo los que están más cerca del mar. No me esperaba para nada lo que estoy viendo… Recordar que todo este viaje es una sorpresa constante para mí. Hay un sendero que une unos molinos con otros. Me parece un paraje precioso, con mini cascadas incluidas. ¡¡Menuda sorpresa!! ¡¡Es un lugar idílico, como de cuento!! ¡¡¡Me encanta!!! ¡¡Muy recomendable esta visita!!

A las 19.20 horas arrancamos el coche de nuevo rumbo a nuestra última visita del día. En 40 minutos estamos aparcando ya en Laxe (donde vamos a dormir hoy) para visitar la Praia dos Cristais. Hay que dejar el coche en el Camino del Cementerio pues la carretera (y el parking correspondiente) que continúa solo puede ser utilizada por aquellos que van a visitar el cementerio.

Toca caminar 300 metros todo cuesta abajo (que luego tocará subir) hasta la Praia dos Cristais.

Yo no tenía ni idea de lo que veníamos a ver… ¡¡¡¡Qué pasada!!!! Es una mini playa que por arena tiene cristales de colores, la mayoría verdes y blancos. ¡¡¡¡Me encanta!!!! ¡¡¡Una sorpresa maravillosa para finalizar el día!!! Y eso que no tuvimos la suerte de pillarla con la marea baja, por lo que apenas pudimos atisbar un poquito de esa colorida arena…

La Playa de los Cristales recibe su nombre por ser un depósito natural de pequeños vidrios de colores pulidos por el agua. El mar trajo los vidrios fragmentados y erosionados desde un antiguo vertedero situado en la zona. Está prohibido llevarse los cristales de la playa.

No sabía que existen playas repletas de cristales erosionados por varias partes del mundo, una de ellas al lado de mi casa… ¡Qué fuerte! Algunas de esas playas son el Bigaral (Asturias – España), Mendocino (California) y Ussuri (Rusia).

Extasiada de felicidad, a las 20.25 horas cogemos de nuevo el coche para ir al hotel, ubicado a 400 metros de donde habíamos dejado el coche. Hoy dormimos en el Hostal Residencia Bahía en Laxe, por 42€ la noche sin desayuno (ya pagados a través de Booking). 

Aparcamos justo delante del hotel. Manolo, el dueño, es muy amable y nos hace un «upgrade» gratuito entregándonos las llaves de la habitación 107, una habitación perfecta para nuestra estancia y con un bonito balcón con vistas al puerto. ¡¡¡Qué ilusión!!!

Después de descansar un rato, a las 21.30 horas vamos dando un mini paseo hasta el restaurante número 1 de TripAdvisor en Laxe: Apracería. Tienen una carta breve (14 platos y 4 postres) pero diferente. Pedimos para compartir una ensaladilla de pulpo y un guiso de calamar en su tinta. La ensaladilla tardan menos de 5 minutos en servirla. Está muy rica aunque un poco escasa de pulpo. El guiso de calamares de nuevo está en la mesa en menos de 5 minutos. Está espectacular. Ambas raciones no son muy abundantes pero sí suficientes para cenar 2 personas. De postre pedimos una cheesecake, que estaba excelente: mucha cantidad y barata (4€). Personal muy amable. ¡¡200% recomendable este restaurante!!

Una vez saciados, damos un pequeño paseo por el puerto. Las vistas del pueblo son una pasada pero al hándicap del intenso viento se suma que hay docenas de gaviotas sobrevolando el puerto sin parar (creo que nunca había visto tantas gaviotas juntas) y el suelo está plagado de cagadas circulares blancas. Como no tengo ganas de llevarme un «premio» para el hotel, a las 22.40 horas nos retiramos por fin a descansar.

GASTOS DEL DÍA:

  • Casa Rural Cordobelas: 55€.
  • Panadería Durán: 1,5€.
  • Panadería Armando: 6,8€.
  • La Bocatería: 9€.
  • Gasolina: 44,41€.
  • Vasija: 8,3€.
  • Cerámica: 26,2€.
  • Cena Apracería: 37,2€.

Total: 154,43€

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *