4. WALL STREET + ZONA ZERO + MUSICAL ALADDIN

Miércoles 11 de septiembre (11S):

Suena el despertador a las 8 horas. Lo primero que hago es llamar a Vodafone, pues desde ayer Internet apenas me funciona y no puedo abrir los mapas, por lo que estoy completamente perdida por la ciudad. El teléfono gratuito es +34 607.12.30. El chico me dice que ninguna de las 2 tenemos bien activada la itinerancia de datos. Me indica los pasos a seguir en mi Samsung Galaxy S7 y a partir de ahí Internet nos vuelve a funcionar durante todo el viaje. En ajustes del móvil – conexiones – redes móviles → Tengo que cambiar 2 cosas:

  • Modo de red: solo 3G.
  • Operadores de red – buscar redes o seleccionar manualmente (depende del móvil): At&T
  • Reinicio el móvil y listo.

Por cierto, que me llama la atención que aún no me ha llegado ningún cargo a la tarjeta de Ferratumbank, que es con la que he hecho la mayor parte de los pagos, cuando el año pasado por la Costa Oeste los cargos me llegaban al instante, y el único cargo que no me llegó en su día, que fueron todas las propinas que dejamos, no me llegaron nunca.

La idea para iniciar el día de hoy era ir a coger el ferry gratuito a Staten Island para ver más o menos de cerca la Estatua de la Libertad, pero como eso implicaba un madrugón importante y con el crucero nocturno que tenemos previsto hacer vamos a pasar por delante de la estatua, cancelamos ese plan y decidimos dormir un poco más e ir directas al free tour por Wall Street que tenemos contratado para las 11 horas. (Y menos mal que así lo hicimos, no hubiese merecido para nada la pena después de la experiencia con el crucero)

Acudimos a la parada de metro. Me resulta mucho más fácil saber qué metro tenemos que coger mirando la aplicación de NYC Subway que el Google Maps, que siempre me da opciones mucho más enrevesadas. La idea es recargar el bono de 7 días pero al entrar en la máquina no da opción y solo deja meter cantidades. Elijo la cantidad de 33$, que es el equivalente al bono de 7 días pero creo que no me lo ha puesto como bono sino como 33$ para viajes sueltos. He pagado con la tarjeta de Ferratumbank y esta vez me pide un código postal. Escribo 99999 (5 nueves) y no me pone ningún problema. No hay nadie a quien podamos preguntar. Ahora es cuando me acuerdo de esto que leí en su día: «las máquinas del aeropuerto venden una Metrocard especial en la que no puede cargarse el abono ilimitado (la Metrocard por tiempo). Si más adelante quieres comprar un abono ilimitado, tendrás que comprar una Metrocard nueva en cualquier estación de metro. Por eso es buena idea que, si viajas acompañado, en el aeropuerto compartáis una misma Metrocard (hasta 4 personas). Así no tendréis que comprar 4 tarjetas (4$) y, más adelante, si queréis el abono ilimitado, comprar 4 más (4$)”. Al llegar a la última estación, South Ferry Station, pregunto al señor de la taquilla quien me confirma lo que creía y me dice que la única opción es comprar una nueva Metrocard, pero que los 33$ que acabo de meter no se pueden sacar, y la única opción es gastarlos… Vaya fallo tan gordo… IMPORTANTE

La gente es muy amable y siempre se acerca a ayudar cuando nos ven dudar. Es algo que nos llama mucho la atención, siendo una ciudad tan grande y con tantísima gente que parece que van todos a su aire.

Atravesamos Battery Park para sacar la mítica foto de la Estatua de la Libertad y llegamos justo a la hora (10.45) al punto de encuentro con Sandemans, en las escaleras del Museo Nacional de los Indios Americanos. La guía llega puntual con su paraguas rojo, que abre nada más llegar y todos nos dirigimos hacia ella. Hacemos una fila para que vaya leyendo el código QR de nuestras reservas, nos entrega 2 tickets amarillos y nos indica que la hora de inicio será a las 11 – 11.05 horas. Una amiga que hizo este tour me dijo que no tuviese grandes expectativas de él, así que venimos sin esperar nada y a ver qué tal.

A las 11.05 dividen el grupo en 2 dependiendo del número del ticket. Nuestro guía se llama Felipe y parece muy majo. Me confirma lo que me dijo el trabajador de la estación de metro: que no puedo hacer nada con mi Metrocard más que gastar los 33$ en viajes sueltos.

A las 12.20 horas paramos 20 minutos en una especie de supermercado – restaurante con comida para tomar aquí o llevar llamado Essen, que es espectacular. Tiene muchísimos tipos y cantidades de comida, alucinante. Se puede coger en distintos táper, mínimo 1 libra (≈ ½ kg) de comida por 11,49$ y de ahí para arriba. Tiene casi todo lo imaginable, desde sándwiches y ensaladas, a comida asiática y hasta pinzas de langosta. Hoy no nos cuadra para coger aquí la comida, pero lo apunto porque es una franquicia y tenemos que probarla sí o sí. Tienen baños gratuitos.

Nos cuenta Felipe que un chico que conoce, por no pagar una multa que le pusieron en USA, la siguiente vez que volvió al país le deportaron y le impidieron la entrada a los Estados Unidos durante 15 años… Así que ojito.

Le comentamos el hecho de que no conseguimos encontrar un hotel medianamente barato y nos dijo que septiembre siempre es un mes caro porque coincide con la semana de la moda y las reuniones de las Naciones Unidas que llenan hoteles con los dirigentes y sus familias. Según su opinión, el mejor momento para venir a Nueva York es justo antes de Semana Santa. El problema es que puede aún hacer frío.

También nos explica el tema de las propinas y dice que cuando ya te cobran la propina de por sí (como nos ocurrió ayer en el Ellen Stardust Diner), pero en la cuenta te añaden el espacio para una propina adicional, no se puede dejar en blanco (cosa que hicimos ayer), hay que poner un 0 o tacharlo o algo, ya que no es ilegal que ellos se apunten hasta un 25%. Por lo visto en grupos de 4 personas o más siempre incluyen la propina en la cuenta.

El tour acaba a las 14 horas. Felipe hace la visita muy amena y participativa. Encuentro que quizás para mi gusto, ha habido mucho contenido histórico y narrativo y poco recorrer la zona de los rascacielos, pero eso ya es una opinión personal. A mi madre el tour le ha gustado mucho tal y como ha sido. Yo en caso de un futuro viaje preferiría recorrer tranquilamente Wall Street a mi aire, creo que me llenaría muchísimo más. Entregamos a Felipe una propina de 20$ entre las 2.

Abrazos gratis

Nos dirigimos rápidamente al One World Trade Center, pues tengo la visita reservada al One World Observatory para las 14.30 horas y pone que exigen máxima puntualidad y que recomiendan llegar a las 14.15 horas.

Hoy hace 18 años que tuvo lugar el atentado contra las torres gemelas. Llegamos rodeando las piscinas donde antes se ubicaban dichas torres. Hay bastantes policías visitando la zona, pues hoy las han cerrado para familiares y amigos de las víctimas.

En la entrada del One World Trade Center el señor de la entrada nos dice que vale con que lleguemos a las 14.30 horas, porque si llegamos a las 14.15 horas tendremos que esperar fuera de pie y bajo un sol bastante intenso.

Nos dirigimos entonces al centro comercial Brookfield Place, que se encuentra justo enfrente, para ir a los baños gratuitos ya que en el One World Trade Center supuestamente no hay baños públicos (al final sí que los hay, pero una vez que se sube al observatorio). En el centro comercial los baños se encuentran al lado de la tienda de Louis Vuitton. El centro comercial tiene una zona espectacular al otro lado de la entrada, con una terraza y unas vistas que parecen tener muy buena pinta. La idea es verlo después del observatorio, pero al final nos quedamos con las ganas…

Regresamos al One World Trade Center a las 14.25 horas. Con la entrada de Civitatis impresa no tenemos que pasar por ninguna taquilla, por lo que bajamos las escaleras y vamos directamente al control de seguridad. Me retienen el palo de selfie y me entregan un papelito para que entregue a la salida y me lo puedan devolver. Accedemos a los ascensores donde esperamos solo 5 minutos de cola para subir al ascensor. En pocos segundos nos plantamos en el piso 102. Es una pasada, pues lo único que se nota es que se taponan un poco los oídos, pero no se es consciente de la cantidad de metros que se ha ascendido. Durante el ascenso, muy rápidamente muestran un vídeo con la zona que vamos a observar desde el año 1600 hasta la actualidad. El aire acondicionado está a tope para variar, al igual que en todos los sitios donde hemos entrado. Con el calor que hace al sol y estos aires acondicionados, se nos va a caer la garganta a trozos.

Tras salir del ascensor, nos juntan a todos y ponen un vídeo en unas pantallas gigantes. No le encuentro mucho el sentido a ese vídeo pero, de repente, con la música de fondo, las pantallas empiezan a elevarse y podemos ver las alucinantes vistas de Manhattan solo durante unos segundos, pues las pantallas vuelven a bajar. Se nos han puesto los pelos de punta. No nos lo esperábamos para nada.

Con la miel en los labios, nos reunimos todos para que un señor nos ofrezca alquilar unas tablets a 15$ – 1 tablet o 20$ – 2 tablets, que si las ubicas delante de las vistas, te indican qué estás viendo y te dan una explicación detallada. La mayor parte de la gente pasa del tema, al igual que nosotras.

Siguiente parada: fila para que te hagan una foto oficial delante de un mural, que después tendrás que pagar, y que te puedes saltar si no te interesa.

Y por fin llegamos al mirador. Son impresionantes las vistas desde aquí arriba, es como estar viendo la maqueta de Nueva York.

La ventana que más me gusta es la que da al viejo pier 1 donde estuvimos ayer contemplando el skyline, y que permite además contemplar toda la zona 0 y las piscinas de las antiguas torres gemelas, siendo hoy el día que es, y que te hace quedarte pensando un buen rato. Es una visita que me transmite mucha paz.

Además, aunque hay bastante gente, hay muchísimas ventanas, lo que evita aglomeraciones y te permite disfrutar de las vistas tranquilamente. Eso sí, el observatorio no está al exterior, sino que como digo está entero rodeado de enormes ventanales. Nos pasan 40 minutos en un suspiro.

Tras recoger el palo de selfie, nos disponemos a salir del edificio y de repente aparecemos sin darnos cuenta en el Oculus, la estación de metro más cara del mundo construida por el polémico arquitecto español Santiago Calatrava. Dentro de este edificio nos cuesta un poco encontrar la salida al exterior, pues hay un montón de entradas para el metro y para el tren a Nueva Jersey. Hay que subir 3 pisos para encontrar la salida al exterior.

Al salir llegamos sin contar con ello a las piscinas de las torres gemelas, que ya están abiertas al público. Todos los nombres de las víctimas están grabados en placas de metal y llenos de flores, banderas o monedas. Es escalofriante… Tantos nombres, tantas víctimas, las flores, la gente emocionada… Ufff, pone los pelos de punta…

Al alejarnos de las piscinas, de repente nos encontramos con un coro de una comunidad Amish (grupo conocido principalmente por su estilo de vida sencilla, vestimenta modesta y tradicional y su resistencia a adoptar comodidades y tecnologías modernas, como son las relacionadas con la electricidad). Unos 60 Amish juntos cantando… ¡¡Qué pasada!! Menudo contraste, qué impresión… Estamos súper emocionadas porque cuando estábamos haciendo el free tour habíamos visto a 4 Amish comiendo en un parque, y Felipe nos había explicado que cuando llegan a la adolescencia les permiten salir durante 1 año de su comunidad para que luego decidan si quieren volver o no, y nos moríamos de ganas por sacarles una foto, pero no nos atrevimos, y de repente nos encontramos con este enorme grupo que pudimos fotografiar y grabar sin problemas. ¡¡Fue genial!!

Esto sí que son contrastes y no la excursión de ayer. Pasamos de la magnificencia del observatorio, a la sobrecogedora sensación de estar en las piscinas donde hace 18 años tuvo lugar el atentado terrorista, y de repente un coro de Amish, una comunidad que apenas sale al exterior… ¡¡¡Alucinante!!!

Son casi las 5 de la tarde y aún no hemos comido. Nos vamos a buscar nuestro primer supermercado Whole Foods (marcados con círculos rojos en mi mapa de Google Maps),

al que le tenía muchas ganas. Y no es para menos porque cuando entramos, ¡menudo espectáculo! Indescriptible, es enorme, con un montón de comida preparada. Creo que hay que vivirlo. Vamos justas de tiempo y tenemos que decidirnos rápido, pero creo que podríamos estar dentro media hora tranquilamente. Mi madre se compró un bocadillo y yo voy metiendo en una cajita algo que parece cerdo agridulce con patatas fritas y un par de rollitos de primavera. Lo mío va al peso. Pagamos 14,79$. Lo mejor es que después de pagar se pueden coger gratis servilletas, salsas, etc y, lo más guay de todo, los cubiertos: tienen una máquina dispensadora con los dibujos de un tenedor, un cuchillo y una cuchara y, al pulsar el botón, sale disparado el cubierto.

La idea que teníamos de comer tranquilamente sentadas en un parque no entra dentro de nuestros planes, porque a las 19 horas tenemos el musical de Aladdin y nos gustaría descansar un poco en el hotel, por lo que tomamos la alternativa de coger el metro y comer en el vagón como auténticas neoyorquinas.

Tenemos solo 50 minutos para descansar en el hotel. La idea era ducharnos y preparamos un poco pero teniendo en cuenta las pateadas que nos estamos metiendo y el calor que hace, va a ser mejor que vayamos aún sin duchar.

Al llegar al musical de Aladdin hay una cola enorme pero avanza muy rápido. En el interior venden audio guías por 10$, pero pasamos de largo. El teatro está a rebosar. Tengo grandes expectativas con este musical,

que se me acaban más o menos a los 20 minutos del inicio del show… No entiendo nada de lo que dicen, pero nada de nada, y en cuanto se salen del guión de la película, estoy totalmente perdida… Entre que hablan muy rápido y que yo estoy muy cansada y en momentos así casi me cuesta hasta entender el castellano, es una pena pero no lo disfruto apenas. De las bromas por supuesto no pillo ninguna. Es cierto que los escenarios y los vestuarios son espectaculares, y que la visión desde nuestros asientos es muy buena pese a estar en el anfiteatro. Traemos cada una unos prismáticos (LINK Amazon) y con ellos podemos captar aquellos detalles que la distancia nos dificulta. La verdad es que es tal la decepción que me planteo «muy mucho» marcharnos en el descanso e ir a disfrutar de la zona de Times Square, pero por suerte cuando sale el genio parece que tanto mi madre (que ha echado alguna cabezada durante el espectáculo) como yo conseguimos empezar a disfrutar un poco.

Hacia las 20.10 horas empieza el descanso, que dura 20 minutos. La escena del vuelo en la alfombra mágica fue ¡¡espectacular!! La gente se volvió loca sacando fotos y los acomodadores del teatro se volvieron locos llamando la atención a todo el mundo, jajajaja. El show terminó a las 21.20 horas.

¿Repetiría los asientos?: sin dudar, si no los hay más cerca pero igual de centrados y por un precio similar, repetiría los asientos. ¿Repetiría un musical en inglés?: ¡no! Perdimos un gran porcentaje de lo que estaba viviendo el resto de la gente debido al hándicap del idioma. Y eso que considero que tengo un nivel de inglés medio y puedo mantener una conversación no 100% correcta ortográficamente, pero bastante decente.

Según salimos del musical había más de 10 pedicabs (bici – taxis) llamando como locos a todos los que salíamos del musical, fue muy gracioso.

Estamos muy cansadas, por lo que compramos la cena en un 7/11 (10,17$) y a las 22 horas ya estamos en el hotel.

Por cierto, Internet nos ha ido genial todo el día.

GASTOS DEL DÍA:

• Recarga metro: 66$.
• Propina tour Sandemans: 20$.
• Supermercado Whole foods: 14,79$.
• Cena 7/11: 10,17$.

TOTAL: 110,96$.

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