6. CANTABRIA – SANTILLANA DEL MAR, FARO DE AJO, LIÉRGANES

Sábado 4 de septiembre de 2021

Hemos dormido de lujo hasta que a las 8 am nos ha despertado un fuerte ruido, por lo que a las 8.30 horas ya estamos desayunando. Así podemos aprovechar más el día…

El desayuno, incluido en los 70€ que nos ha costado la noche, consta de algo de bollería industrial, embutido, pan tostado, tomate y mermeladas. Se puede repetir de todo lo que se quiera.

Quiero destacar la amabilidad de todo el personal, especialmente del director del hotel, Javier, que hace que haya un buen rollo impresionante entre todos los empleados, cosa que se aprecia a simple vista y que se agradece muchísimo. Da gusto verles trabajar entre sonrisas y gestos amables entre ellos.

Hacemos el check out sin incidencias despidiéndonos con cariño de Javier. Nos permiten dejar el coche de forma gratuita en el parking para visitar el pueblo aunque hayamos hecho ya el check out.

A las 10 horas ya estamos en marcha para recorrer Santillana del Mar. La primera parada del día es en el convento de las hermanas Clarisas para comprar repostería, ya que mi chico tenía muchas ganas. Tienen un expositor en una vitrina con los distintos productos y los precios y, una vez que te decides, hay que tocar un timbre ubicado a la izquierda para contactar con las hermanas. Se abre el torno ubicado entre el timbre y la vitrina y aparece una de las hermanas clarisas para atendernos. Encargamos ¾ de kilo de rocas de chocolate, a 30€ el kilo. ¡Menudos precios! Ya pueden estar buenas…

Dejamos los dulces en el coche y ahora sí que nos dedicamos a visitar el pueblo.

Da gusto recorrer un lugar tan turístico con tan poca gente, pudiendo fotografiar sin masificaciones cada precioso rincón, incluida la Casa del Cura, la casa más «instagrameable» del pueblo según leí.

Casa del Cura
Casas del Águila y la Parra
Colegiata de Santa Juliana
Calle Cantón

Os recomiendo quedaros a dormir en Santillana y visitarla a primera hora de la mañana, que no está masificado de turistas. En 45 minutos tenemos recorrido todo el pueblo.

Antes de irnos nos apetece visitar el Museo de la Tortura – Inquisición, tan conocido en Santillana. «En 1478 los Reyes Católicos fundaron el Tribunal de la Santa Inquisición. Estaba formado por funcionarios eclesiásticos al servicio del Estado. Su primer Inquisidor General fue Tomás de Torquemada. Su tarea era la persecución constante a herejes, brujas… para mantener la pureza de la fe católica. Los acusados eran torturados durante horas o días con todo tipo de instrumentos de tortura, al cual más horrible. La mayoría de los reos morían y los que sobrevivían quedaban mutilados de por vida. La Inquisición fue abolida en 1834 durante el reinado de Isabel II«.

Cada entrada cuesta 4€ y solo admiten efectivo.

Guillotina
Toro de Falaride

«Cuentan que Perillo Ateniense, persona de gran ingenio, para conquistar la gracia del Rey Falari de Agrigento, participó en un concurso para encontrar una tortura para los hombres. Perillo inventó el Toro de Falaride (en honor al rey), un toro de metal con una puerta lateral por donde se hacía entrar al condenado. Una vez cerrada se encendía un fuego a su alrededor para que el metal, calentándose lentamente, provocarse los gritos de dolor del condenado, gritos que se parecían al mugir de un toro. Perillo sí que ganó el concurso pero el Rey Falari, aún más perverso que el inventor, ordenó que fuera el propio Perillo el primero en probar ese tormento. Cuentan que los ciudadanos del pueblo, hartos de las maldades del rey, tiempo después le infligieron a él la misma tortura«.

Tardamos 25 minutos en recorrer el museo entero, leyendo cada inscripción. Algunas de las estampas dan muy mal rollo y revuelven el estómago pero para mí merece la pena. Nosotros que entramos a las 11 horas lo pudimos visitar tranquilamente, pero cuando salimos ya estaba bastante lleno.

Santillana del Mar es un pueblo bonito y rápido de recorrer pero demasiado masificado para mi gusto, aparte de tener un suelo empedrado de lo más incómodo… Pero esto ya es típico de todos los pueblos que hemos visitado en Cantabria.

A las 11.50 horas arrancamos el coche para visitar el famosísimo Faro de Ajo de Okuda. «El Faro de Ajo está situado en el Cabo de Ajo. Se trata del último faro construido en Cantabria (1930). Desde 2015, el Ayuntamiento del pueblo ha impulsado varias actividades en torno al faro para fomentar el turismo, como el pintado del mismo en 2020 por el artista cántabro Okuda San Miguel. Miles de personas han acudido desde entonces a visitarlo«.

Aunque mi idea era aparcar en el aparcamiento de la Ojerada de Ajo e ir caminando por la senda litoral hasta el propio faro, llamo al faro para confirmar que sí se puede hacer y me indican que la entrada única y exclusiva es a través del Barrio del Faro (43.509514, -3.595939). (Una vez visitado el lugar tengo que decir que esto no es cierto del todo. Os lo explico unos cuantos párrafos más abajo)

Llegamos al Barrio de Ajo 55 minutos después de abandonar Santillana. Aparcamos a la primera en la calle principal. Hay muchos coches pero por suerte la visita al faro es rápida y el movimiento de vehículos es constante.

No había leído nada al respecto pero, si no encontráis para aparcar en las distintas calles del Barrio del Faro, han habilitado un parking para visitar el Faro de Ajo con una estancia máxima de 1 hora (43.506588, -3.595872). 

Entramos al faro por la entrada única y exclusiva… a las 12.55 horas. La visita es gratuita, solo te preguntan la procedencia (por tema de estadística me imagino). La zona de la entrada parece una romería.

Ojito que no está abierto de forma permanente, sino que tiene un horario habilitado:

  • Mañanas: 11 – 14 horas (último pase a las 13.30 horas).
  • Tardes: 16 – 21 horas (último pase a las 20.30 horas).

El faro solo se puede ver de lejos a través de una senda peatonal que lo rodea. Como todos tenemos que ir por la misma senda de unos 2 – 3 metros de ancho, parece que hay bastante más gente de la real porque abulta mucho en un espacio pequeño.

El faro es muy bonito y el hecho de que las nubes empiecen a dejar hueco a un cielo azul ayuda a mejorar las fotos. El lugar está masificado pero es normal teniendo en cuenta que todos debemos caminar por el mismo sendero.

Siguiendo el camino habilitado nos encontramos con unas vistas espectaculares del Cabo de Ajo y sus elevados acantilados.

Una vez recorrido todo el itinerario vemos que la gente sí que viene desde el parking de Ojerada. Es cierto que el sendero perteneciente a la Finca del Faro está delimitado, pero con unas cuerdas que todo el mundo atraviesa sin parar.

La realidad es que la Finca del Faro abarca un sendero en forma de «T» invertida (delimitado en blanco en la foto inferior), pero que los extremos de dicha «T» se juntan con otros senderos por los que la gente va y viene a su antojo ya que solo están separados por unas cuerdas.

Finalizamos la visita 35 minutos después, con un sol abrasador sobre nuestras cabezas.

Al ser la novedad, se nos ha pasado por completo, ¡qué rabia!, pero es que justo ayer se inauguraron cerca de aquí varios silos pintados también por Okuda, los Silos de Ajo. Ya los tenéis marcados en el mapa. Ayer nos los descubrió Adelina pero hoy se nos olvidaron por completo… quedan pendientes para una futura visita.

Cuando organicé el itinerario del viaje, la idea era ir desde aquí hasta el Faro del Caballo, que tiene una pintaza excelente, pero leí que la ruta completa podía durar hasta 3 horas y no cuadraba bien con mis planes de hoy. La ruta incluye bajar 700 escalones para llegar hasta el faro, y 100 más si quieres ir hasta el agua, y todo eso lleva su tiempo, sobre todo para subirlo a la vuelta… Así que nos queda pendiente para una futura visita.

Arrancamos el coche a las 13.40 horas rumbo a Liérganes, que pertenece junto con Potes, Mogrovejo, Carmona, Bárcena Mayor y Santillana del Mar a la red de los Pueblos más Bonitos de España. Está claro que si hay algo que no le falta a Cantabria son pueblitos con encanto. De Liérganes leí que: «callejear por Liérganes es caminar por un pueblo rural silencioso y calmado rodeado de un entorno natural mágico. A principios del siglo XVII la villa pegó un pelotazo tremendo cuando se creó aquí la Fábrica de Cañones. Liérganes fue la localidad elegida para pasar de ser una villa en la que se cultivaba maíz y poco más a albergar la primera Fábrica de Artillería y municiones de España«.

Tardamos 35 minutos en llegar a Liérganes desde el Faro de Ajo. Aquí el cielo está encapotado… Hemos tenido mucha variación de clima a lo largo de estos 5 días en Cantabria. Aparcamos sin problema en una calle cualquiera. Hay varios parkings grandes a lo largo del pueblo, todos marcados ya en mi mapa para que no haya pérdida.

Nos encanta hacer picnics al mediodía, así que vamos hasta el Carrefour Exprés a comprar provisiones. Hemos visto varias pastelerías y panaderías pero todas cierran a la hora de comer.

Comemos en el área recreativa de la Senda Fluvial del río Miera. ¡¡Me encantan las áreas recreativas!! Suelen estar bastante aisladas, casi siempre a la vera de un río, y da gusto poder hacer un picnic en plena naturaleza.

A las 15.30 horas iniciamos la visita de Liérganes. Gran parte de la historia del pueblo gira en torno a la leyenda del Hombre Pez, de hecho tiene una estatua, un paseo y hasta un centro de interpretación con su nombre. Leí que la estatua del Hombre Pez con el puente de fondo es el lugar más «instagrameable» del pueblo. La leyenda del Hombre Pez se remonta a 1674. «Cuentan que Francisco de la Vega Casar se fue a nadar con unos amigos al río Miera y, pese a ser un excelente nadador, desapareció en el agua. Sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, le dieron por ahogado. Unos cinco años más tarde, unos pescadores de Cádiz vieron en el mar una figura rara nadando. Era un hombre que tenía el pecho cubierto de escamas. No hablaba, pero lo único que decía era la palabra «Liérganes». Los gaditanos no lo entendían muy bien hasta que un mozo cántabro que había emigrado para trabajar en Cádiz comentó que en Cantabria había un pueblo que se llamaba así».

Nos dirigimos en primera instancia hacia el puente y la famosa estatua del Hombre Pez. Hay una breve cola para sacarse foto con la estatua, «la estampa más instagrameable del pueblo».

Puente Mayor con las «Tetas de Liérganes» o los Picos de Busampiro al fondo
Estatua del Hombre Pez
Antiguo molino harinero del S. XVII que hoy es el Centro de Interpretación del Hombre Pez

La zona del río me parece bonita pero desde mi punto de vista se le da más bombo del que tiene para mí. El rincón que más me ha gustado está un poco más allá del antiguo molino harinero del S. XVII que hoy es el Centro de Interpretación del Hombre Pez. Encontramos el antiguo curso del río, ahora cerrado, con una mini cascada detrás de un puente todo rodeado de verde y con halo fantasmagórico que me ha gustado muchísimo.

De aquí pasamos a recorrer el casco antiguo de Liérganes. La diferencia de este pueblo con respecto a los demás que hemos visitado en este viaje es que la zona bonita en este caso es el casco antiguo pero no el pueblo en general. Además está todo bastante más disperso que en el resto de visitas.

La plaza mayor del pueblo, denominada la Plaza del Marqués de Valdecilla, es preciosa con todas esas casonas antiguas que tienen en común la arquitectura montañesa con balcones de madera con flores y fachada de piedra. Me ha gustado muchísimo este lugar y me ha transmitido mucha paz. Pasa a ser mi lugar favorito de Liérganes.

Recorremos cada callejuela que sale de la plaza mayor, disfrutando de esas maravillosas casonas, la mayoría de ellas construidas entre los siglos XVII y XVIII aprovechando el momento de éxito que tuvo la villa.

Hotel Casona El Arral

Llegamos hasta el Palacio de Cuesta Mercadillo del que leí que es » una de las casonas más características de Liérganes, declarada Bien de Interés Cultural«. Ubicado en el extrarradio, para mí no merece la pena desplazarse para verlo.

De hecho, una vez vistos todos los puntos del pueblo que traía marcados, excepto la Iglesia de San Pantaleón a la que ya no nos apetecía acercarnos, os recomendaría que simplemente disfrutéis de la zona del Puente Mayor y de las calles en torno a la Plaza del Marqués de Valdecilla, que me han gustado muchísimo. Lo bueno de este pueblo es que no está nada masificado de turistas, y eso siempre da puntos extra. Os dejo redondeada en amarillo en la foto inferior la zona que para mí merece la pena visitar de Liérganes.

Finalizamos la visita del pueblo tras 1 hora 15 minutos. Hemos perdido parte del tiempo en ir hasta el Palacio de Cuesta Mercadillo que, como os decía, desde mi punto de vista no merece la pena.

A las 17.20 horas ponemos rumbo a Santander, nuestro último destino de este viaje. 

El tema del hotel en Santander me trajo un poco de cabeza al principio, porque Santander es una ciudad bastante cara y porque buscaba el hotel con parking gratuito sí o sí y eso limitaba mucho mis posibilidades. Y es que el tema del parking en Santander es como para volverse loco. La mayor parte de la ciudad es zona azul y, si tuviste la suerte de encontrar una plaza, con el tema del Estacionamiento Regulado en Vía Pública (OLA) hay que mover el coche cada 2 horas para evitar una multa, lo que imposibilita cualquier recorrido por la ciudad. Por ello cuando me di cuenta de que llegábamos a Santander un sábado por la tarde y que la OLA finaliza desde las 14 horas del sábado hasta las 10 horas del lunes, pude empezar a relajarme. De todas formas tenéis en mi mapa marcados todos los parkings gratuitos que pude encontrar.

Finalmente nos alojamos en el Hospedaje Magallanes, sin parking propio pero con zona para aparcar por los alrededores. Encontramos parking justo delante del hotel 25 minutos después de haber salido de Liérganes. ¡¡¡Menuda suerte que hemos tenido!!!

¡¡La habitación está genial!! Tenemos una cama matrimonial y una individual para nosotros solos, además es muy luminosa.

A las 20.20 horas nos ponemos en marcha. Vamos dando un paseo de 15 minutos hasta la Bodega del Riojano, donde tenemos mesa para cenar y celebrar nuestros cumpleaños. Hice la reserva hace más de un mes porque tenía clarísimo que teníamos que cenar aquí sí o sí. Tienen una tortilla de patata guisada con salsa de callos, chorizo y alioli que descubrí hace meses y quedó grabada en mis retinas. Sabía que antes o después tenía que probarla como fan total que soy de la tortilla de patata poco hecha. Este plato es el único de la carta que lo hacen «solo en horario de cenas y hasta fin de existencias«; encima no permiten reservarla con antelación, aunque sí que cuando llamé para reservar la mesa me anotaron que estaba interesada en probarla. Además pedí mesa para las 20.45 horas para que hubiese el menor número de personas posibles en el interior por el tema del Covid y para tener más probabilidades de que aún quedasen tortillas.

Llegamos al local con 15 minutos de antelación pero nos dejan sentarnos ya en nuestra mesa. La decoración de la bodega es de lo más pintoresca con un montón de toneles cada uno decorado de una manera diferente. ¡¡Me gusta muchísimo!!

Pedimos para compartir recomendados por el camarero media ración de pastel de cabracho, una ración de su famosa ensaladilla y por supuesto mi anheladísima tortilla.

La ensaladilla rusa, pese ser una de las especialidades de la casa, nos resultó de lo más normal, pero tanto la tortilla como el pastel de cabracho estaban deliciosos y melosos y buenísimos. ¡¡Ñaaaaaaammm!! Durante la cena el comedor está prácticamente vacío pero a las 21.30 horas, cuando abandonamos el restaurante, está ya bastante lleno para mi gusto. Con esto del Covid evito siempre comer dentro de los restaurantes; o hay hueco en alguna terraza puntual o prefiero comer en casa. 

Después de cenar nos dirigimos por la misma calle del restaurante todo hacia arriba para coger el funicular de Río de la Pila. Toda la calle está llenísima de gente tomando algo en las terrazas, debe ser una de las zonas de marcha de Santander. Para llegar hasta el funicular hay escaleras y rampas mecánicas para ayudar a superar la pendiente. ¡¡Menudas cuestas que tiene la ciudad!!

El funicular funciona de 6 a 24 horas y es gratuito.

Al llegar arriba del todo y ser de noche, desde el mirador Río de la Pila, ubicado nada más salir de la última parada del funicular, apenas podemos ver nada, pero sí que se aprecia la magnitud de lo que vamos a poder ver mañana por la mañana.

Bajamos de nuevo y vamos dando un paseo tranquilamente, disfrutando del ambiente santanderino.

A modo orientativo para que organicéis vuestro propio itinerario os dejo la DURACIÓN DE LAS VISITAS DEL DÍA:

  • Santillana del Mar: 45 minutos.
  • Museo de la Tortura: 25 minutos.
  • Faro de Ajo: 35 minutos.
  • Liérganes: 1 hora 15 minutos.

GASTOS DEL DÍA:

  • Repostería hermanas Clarisas: 22,5€.
  • Museo de la tortura: 8€.
  • Hospedaje Magallanes: 70€.
  • Carrefour exprés: 1,73€.
  • Consumiciones Bar el Sol: 3,5€
  • Bodega del Riojano: 43,7€.

Total: 149,43€

Todos los puntos visitados a lo largo de este viaje están recogidos en este mapa.

Posdata 1: todas las fotos están hechas con mi móvil Samsung Galaxy S10+ sin ningún tipo de filtro o retoque, todas en modo normal o en modo gran angular.

Posdata 2: me encantaría que dejases un comentario con tu opinión sobre lo que has leído.

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