6. FIN DE LA AVENTURA

Viernes 29 de noviembre:

Salimos del apartamento a las 10h. No podemos guardar las maletas aquí mientras damos una última vuelta por Budapest porque va a venir la señora de la limpieza, pero nos ofrecen guardarlas a unos 2 km de distancia, en otro de sus apartamentos. Nos parece un rollo tener que coger el metro y además alejarnos de la zona donde se coge el bus 100E por lo que buscamos una consigna de pago para dejarlas. Encontramos de casualidad unas taquillas en la calle Király justo al lado del portal 35 – 37 (entre ese portal y el supermercado Spar).

Tiene 6 taquillas grandes y 4 pequeñas. Las taquillas grandes valen 1.400 HUF para 24h y las pequeñas 1.000 HUF para 24h. Solo se puede pagar en efectivo pero justo a la izquierda de las taquillas hay una máquina de cambio. Cogemos una taquilla grande donde nos entran muy sobradamente las 2 maletas de mano. Al chico que está a nuestro lado le ha entrado una maleta grande y una de cabina.

Cómo funcionan:

  • 1°. Abrir la taquilla tirando de la puerta azul, que da la sensación de que todas están ocupadas y cerradas a primera vista pero solo están ocupadas aquellas que tienen encendido un piloto en rojo (si está en verde están libres).
  • 2°. Se introducen las maletas.
  • 3°. Se introduce el dinero.
  • 4°. Se gira la llave.

Estoy contenta con nuestro descubrimiento porque todas las consignas que había encontrado por internet costaban 5€ por bulto independientemente de que te diesen una taquilla entera para ti.

Nos dirigimos al New York Palace Café que es el único lugar de todos mis apuntes que nos quedaba pendiente de visitar.

Nos asomamos a través de la entrada del propio New York Palace Café pero creo que solo se puede pasar más allá de la entrada si se viene con reserva, sino no se puede recorrer para sacar fotos… Y viendo en TripAdvisor que un café con leche vale unos 11€, no nos apetece pagar ese dinero por echar un ojo.

No lo sabíamos, pero descubrimos que entrando a través de la recepción del New York Palace se puede acceder a todo el café sin problema ninguno. Hemos podido recorrerlo entero y con tranquilidad sin que nadie nos dijese nada. La decoración es digna de una visita, ¡es impresionante!

Por el camino hemos descubierto el «Museum of sweets & selfies» en la calle Rákóczi út, y como tenemos tiempo y nos ha llamado la atención, decidimos entrar. De entrada nos recuerda al Tokyo Trick Art Museum que descubrimos en nuestro viaje a Japón y disfrutamos un montón (Tokyo Trick Art Museum). Se puede pagar en efectivo con florines o euros y con tarjeta. Cada entrada cuesta 2.990 HUF. Podemos dejar las cosas gratis en unas taquillas dejando un pasaporte o DNI como resguardo. El museo es muy de nuestro estilo con pijaditas que siempre nos divierten pero tiene muy pocas cosas y me parece un poco estafa. La chica nos «vendió» que tenía 3 pisos y es cierto, pero por cada piso solo hay 3 o 4 cosas para ver o hacer. Tienen caballitos para montarse, una piscina gigante de bolas con un tobogán, una bañera llena de monedas, una bicicleta con la rueda delantera enorme a la que también se puede subir… Nos hemos divertido pero esperábamos mucho más. Al final estuvimos 40 minutos pero creo que no merece la pena gastar el dinero para lo poco que hay.

Empieza a llover justo cuando salimos del museo así que decidimos ir a comprar algo de comida para llevar, recoger las maletas y poner rumbo al aeropuerto aunque vayamos con bastante antelación. Compramos unos sándwiches en el supermercado Spar ubicado al lado de las taquillas donde dejamos las maletas y unas tostaditas como las de ayer en el mismo Duran Szendvics, que nos gustaron mucho.

Cuando llegamos a la parada del 100E hay muchísima gente con maletas subiéndose al autobús pero no se dan cuenta de que justo detrás viene otro 100E completamente vacío. El primer bus marcha lleno hasta los topes con un montón de gente de pie y nosotras entramos en el segundo y elegimos el sitio que nos apetece. Como no tenemos prisa ninguna, no nos importa esperar hasta que suba más gente (este bus arranca medio vacío). Hay revisores antes de entrar al autobús que nos piden que les enseñemos los tickets que sacamos ayer. Tardamos 50 minutos en llegar al aeropuerto.

El control de seguridad transcurre sin incidencias y de nuevo no me ponen ningún «pero» al chaleco térmico.

En cuanto aparece la puerta de embarque en la pantalla parece que todo va a toda velocidad como si llegásemos tarde. Mostramos los billetes sin que miren siquiera para nuestro equipaje y luego nos tienen esperando 15 minutos en el exterior mientras reposta en el avión. No tiene mucho sentido… Menos mal que todavía no hace mucho frío, porque esta espera de 15 minutos a temperaturas bajo 0 debe ser muy divertida…

Esta vez no me ha tocado salida de emergencia, pero por suerte viajo siempre con mi reposa pies de Amazon que me alivia un montón al permitirme llevar las piernas en alto.

Llegamos puntuales al aeropuerto de Santander y cogemos un taxi que en menos de 10 minutos nos deja en el mismo hotel del otro día.

GASTOS DEL DÍA:

– Taquilla: 1.400 HUF
– Museo: 5.980 HUF
– Supermercado Spar: 1.660 HUF
– Duran Szendvics: 2.716 HUF
– Taxi: 12,6€
– Gasolina: 38€

TOTAL: 11.756 HUF ( ≈ 36€) + 50,6€

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *